"JUGUEMOS A CONOCERNOS"

Titulo original y adaptación Juan Carlos Lanza

Autores: Samuel Beckett, Eugene Ionesco, Patrick Süskind, Eduardo Gudiño Kieffr, Fernando Arrabal y René de Obaldía

Año 1999 || Grupo Vivencias

Año || 1999

Reposición: Teatro Vivencias en el año 1999.

Elenco: Carolina Leyes, Mariel de los Santos, Oscar Argüello, Adrian Moriconi y Maximiliano Fonseca.

Escenografía e iluminación: Oscar Argüello. Maquillaje y vestuario: Grupo Vivencias.

Dirección general y puesta en escena: Juan Carlos Lanza.

Referencia: "Juguemos a conocernos" es la unión de distintos textos conectados entre sí por desarrollar la misma temática: el hombre y su soledad. Tanto Ionesco como Beckett y el escritor alemán Süskind, coinciden, a través de distintos planteos, en mostrarnos esta alternativa límite del individuo. Y lo hacen, no desde la soledad física, sino desde la soledad espiritual que nace de la convivencia en una sociedad masificada como la actual. Este planteo no significa un determinante fatídico, ni mucho menos, es más bien una alerta a nuestra diaria práctica de desentendernos del otro. No es novedad que en esta sociedad dirigida, robotizada, empujada permanentemente a defender sus mínimas necesidades, el individuo adopte una actitud indiferente hacia lo que lo rodea. El grupo de teatro Vivencias ha encarado este proyecto pensando en una postura positiva, que es sostener el criterio de que no se hace arte ignorando la realidad, sino indagando en ella.

Crítica: Entre tantos elencos rosarinos que se adentran en el difícil y fascinante universo de la actuación, un grupo de ignotos actores -la mayoría debutantes- bajo la dirección de Juan Carlos Lanza estrenó -hace ya dos semanas- en la Sala Vivencias (Mendoza 1173) el montaje en tres episodios Juguemos a conocernos. La puesta se presenta en ese espacio todos los sábados a las 22.30. Más allá de cualquier intención de búsqueda estética, la obra transita por el camino de la exposición actoral -tiene el perfil de una muestra de taller de teatro y no reniega de eso-. El elemento más destacado de la producción es el buen desempeño de algunos de los actores en la difícil tarea de reformular el teatro de texto, casi inexistente en la escena rosarina. Lanza armó a partir de textos de tres autores diferentes, que denotan entre sí cierto parentesco lejano, un compendio de espisodios que sirven como excusa para poner a prueba el trabajo de sus actores. Los episodios tienen en común la exposición de la problemática del hombre frente a la sociedad actual. Dicho así, suena un enunciado recurrente, pero el Grupo Vivencias se las ingenia para armar una propuesta atractiva más allá de los clichés. El primer episodio, titulado "La pura inocencia", está montado a partir de textos del autor español Fernando Arrabal, quien tuvo su momento de gloria en los 60 por la potencia visual y la osadía de su dramaturgia. La propuesta tiene que ver con la posibilidad de elegir más allá del riesgo a la equivocación. Sin embargo, y a pesar de algún momento inteligente, esta parte del planteo de Lanza queda deslucida en relación con el resto. La precariedad -una constante de todo el montaje- tiene un quiebre en la débil puesta de luces, que invalida en el primer episodio la elección de una caja despojada de elementos escénicos y casi a plena luz. Sin embargo, esta particularidad es beneficiosa en otros pasajes. La puntería se afina en los dos episodios siguientes. El segundo, titulado "La esperanza", es un extracto -literal- de Esperando a Godot de Samuel Beckett, y es el momento más interesante de toda la puesta. Los actores Adrian Moriconi, Ernesto Tschopp y Maximiliano Fonseca hacen un digno trabajo con un texto que no perdona y que requiere un trabajo actoral intenso exigido por situaciones de profundo dramatismo. Los tres actores llegan a buen puerto, pero se despega del resto el lucido y creativo trabajo de Ernesto Tschopp en la piel de Estragón (Gogo). En este episodio, la caja despojada y sólo asistida por la luz y unos pocos elementos de la escenografía resulta una acierto. En este punto de la puesta Lanza consigue buenos resultados con los jóvenes actores, quienes logran reflejar con aguda crudeza el desamparo del hombre frente a lo irremediable. Ellos señalan al destino como algo inamovible, una referencia clara y concreta de la pieza de Beckett. El episodio es una mirada indolente a la vigencia del texto y consigue crear la atmósfera siniestra que plantea el autor, donde la muerte es un recurso de salvación. En este punto, el espectador se queda con ganas de que el episodio continúe. Finalmente, el último pasaje se titula "El recuerdo", y es la adapatación de una obra de René de Obaldia. Este autor encuadra su dramaturgia dentro del absurdo -un terreno largamente transitado por Lanza-. En este caso intervienen sólo dos actrices, las que en lenguaje cotidiano y figurado desgranan su relación con un hombre que ya no está. Una desde la tragedia y la otra desde la comedia. Ese par dialéctico generado por ellas sirve como excusa para resaltar la necesidad de estas mujeres de toparse con un destino trágico, una especie de juego y de gozo a través de la representación del sufrimiento. Son atractivos los trabajos de las actrices Mariel de los Santos y Carolina Leyes. Pero más allá de los aciertos y errores -hay más de los primeros-, el trabajo del Grupo Vivencias tiene como mérito el entrenamiento, y el hecho de ejercer la actuación y la búsqueda de los personajes -al menos en su primer trabajo- como una verdadera elección.

Miguel A. Passarini, Diario El Ciudadano, 11 de agosto de 1999.