Teatro Independiente - Rosario - Santa Fe - Argentina 

 

 

 

EL VIGÍA

 

Sobre textos de Michele de Ghelderode

 

Sala abovedada. Al fondo, una ventana ovalada. En las paredes, extraños cuadros religiosos. Los personajes, ni ancianos ni jóvenes pero de presencia descuidada y vestimenta zaparrastrosa, están tirados en sus camastros, inmóviles. EL VIGIA, que duerme en el suelo, al escuchar el sonido de las campanas se levanta de un salto. 

EL VIGIA.- ¡Eh! (Se levanta de un salto, mira hacia todos lados, va hacia el ventanal del fondo, se agarra la cabeza, mira asustado). ¡No fue un sueño! ¡Acabo de oírlas! (Corre hacia donde duermen los personajes). ¡Despierten! (Nervioso). ¡No puedo creer que no las escuchen! (Los patea). Vamos... ¡Despierten, viejos cascajos...! ¿No me oyen? ¡Esas campanas suenan a muerte! ¿Entienden? ¡Levántense...! ¡Basuras del infierno! (Corre hacia la ventana). 

UNA VIEJA.- ¡Basta de gritos! ¡Viejo asqueroso! 

UN VIEJO.- ¿Qué le pasa a EL VIGIA? Ya no respeta ni la hora del descanso. 

EL VIGIA.- (Subido a la tarima). ¡Hace unos momentos las oí! Con mis propios oídos. ¡Son campanas de metal! Lo aseguro. (Camina de un lado a otro, nervioso). 

TERCERA VIEJA.- ¡Bah! No le hagamos caso. 

OTRA VIEJA.- Seguro. Sigamos durmiendo. 

OTRO VIEJO.- ¡Maldito panzón! Otra vez se ha emborrachado. 

EL VIGIA.- ¡No es cierto! No he tomado ni una gota desde ayer. 

UN VIEJO.- ¿Quién te va a creer? 

EL VIGIA.- ¡Juro que las oí! Y no estaba soñando. (Va y viene por la tarima). 

UN VIEJO.- ¿Y qué hay con eso? El sueño es sonoro. 

UNA VIEJA.- Es verdad. Y también tiene olores. 

OTRO VIEJO.- No son solo imágenes. El sueño tiene cinco sentidos. 

EL VIGIA.- (Se baja de la tarima). ¡Tengo buen oído! Y eran campanas. Deben creerme. 

OTRA VIEJA.- ¡Hagan callar a EL VIGIA! ¡Es tan delirante como su sueño! 

OTRO VIEJO.- ¡Queremos dormir, cabrón de porquería! 

EL VIGIA.- ¡Que me corten las orejas si miento! 

TERCERA VIEJA.- Eso te va a suceder algún día. 

EL VIGIA.- ¡Son campanas duras, metálicas! 

UNA VIEJA.- ¿Qué pretende hacernos creer? 

OTRA VIEJA.- ¡Está alucinando! 

UN VIEJO.- Es medianoche. Son campanas de fiebre. 

EL VIGIA.- ¡No! Las oí de verdad. ¿Porqué iban a tocar, sino? 

OTRO VIEJO.- ¿Y nosotros como podemos saber? 

TERCERA VIEJA.- ¡Bah! Debe ser un invento de tus pesadillas. 

UNA VIEJA.- ¡O a tu casamiento con la locura! 

UN VIEJO.- ¡O a la muerte de tu cordura! 

EL VIGIA.- (Asustado). ¡No! (Baja al centro del escenario). ¡Son campanas terribles, lejanas, pero terribles! 

TERCERA VIEJA.- (Se le acerca). Vamos a ver. ¿Porqué te asustan tanto? 

EL VIGIA.- ¿No lo saben? 

TODOS.- (Curiosos). No. ¡No lo sabemos! 

EL VIGIA.- (Con tono misterioso). ¡Anuncian desgracias! 

LAS TRES VIEJAS.- (Se juntan). ¡Desgracias! (Se persignan). ¡Ave María Purísima! (Se acuestan asustadas) 

UN VIEJO.- (Enfrenta a EL VIGIA). ¿Como cuales? A ver... 

EL VIGIA.- ¡Ah, no...! ¡No quiero ni pensarlo! 

OTRO VIEJO.- ¡Aah! No le hagamos caso. Es un viejo lunático. 

UNA VIEJA.- (Desde su lugar). ¿De qué desgracia hablará? 

TERCERA VIEJA.- Quizás... como cuando el cielo se ennegrece. 

UN VIEJO.- Tal vez... como cuando un barco naufraga. 

OTRA VIEJA.- O... como cuando se incendian las cosechas. 

OTRO VIEJO.- O... como cuando un pueblo se rebela. 

TERCERA VIEJA.- O... como cuando la guerra. 

EL VIGIA.- (Enardecido). ¡Sí, sí. Como todo eso junto! (Se sobrecoge). ¡Debemos estar alertas! 

UNA VIEJA.- ¡VIGIA! (Se le acerca). ¿De verdad oíste campanadas? 

EL VIGIA.- (Tembloroso). Estaba acostado. Pensando. Mi mente las reconoció antes que mi oído. (Se encomienda). ¡Dios! ¿Qué significan esos tañidos en esta inmensa desolación, en este país de miserias? 

OTRO VIEJO.- (Trata de desvirtuarlo). ¡Bah! Son los fantasmas del alcohol que se divierten con EL VIGIA. 

OTRA VIEJA.- Tiene el cerebro repodrido. ¡Pobre infeliz! 

TERCERA VIEJA.- ¡Uno ve y oye lo que quiere! Una vez creí ver el paraíso, pero no obligué a nadie que me creyera. 

EL VIGIA.- Esta vez estoy seguro. ¡Algo malo se prepara! 

UN VIEJO.- ¿Qué tan malo puede ser? 

OTRO VIEJO.- Ya tenemos suficiente con estar aquí. 

UNA VIEJA.- Seguramente se está burlando de nosotros. ¿No es cierto, sucio VIGIA? (Lo empuja). 

EL VIGIA.- (La tira de un empujón). ¡Vieja meona! Ojalá tu cabeza ardiera como la mía. 

TERCERA VIEJA.- (Los otros ayudan a UNA VIEJA). De una vez por todas. (Lo zamarrea). ¿Qué fue lo que oíste? 

EL VIGIA.- (Enajenado). Es un sonido lúgubre... lúgubre, que se mete en el cerebro. (Camina agarrándose la cabeza). ¡Veo demonios! 

UNA VIEJA.- No hay duda. Está desquiciado. 

TERCERA VIEJA.- Deberían internarlo. 

OTRA VIEJA.- (Lo lleva hacia un costado). ¡Eh! VIGIA, vení. (Actitud cómplice). Si confesás tu mentira, te convido con un poco de mi polvo. ¿Querés? 

EL VIGIA.- (La mira con desconfianza). Yo no miento. 

OTRA VIEJA.- (Le muestra una bolsita). Y... querés, o no querés. 

EL VIGIA.- (Excitado). ¡Lo confieso, lo confieso! (Le arrebata la bolsita, inspira profundamente). Era un sonido lúgubre... lúgubre... pero no era verdad. Seguramente lo imaginé. 

TODOS LOS VIEJOS.- (Ríen a carcajadas) 

UN VIEJO.- ¡Pobre! El vicio lo domina. Ya no sabe como mentir. 

OTRO VIEJO.- Además, en toda esta llanura, no hay un solo campanario. 

UNA VIEJA.- ¡Está enfermo! Su cabeza esta llena de sapos y lechuzas. 

TERCERA VIEJA.- ¡Y renacuajos! (Risa general) 

EL VIGIA.- (Se va encima de OTRA VIEJA). ¿Y mi polvo? 

OTRA VIEJA.- No hay más. ¡Desgraciado! ¡Masticá los sonidos de tus campanas! Es lo único que merecés. 

OTRO VIEJO.- Vámonos a dormir. Que se quede con sus pesadillas. (Mientras dicen a coro “Si, vamos a dormir", vuelven a sus camastros. EL VIGIA vuelve a su tarima).

EL VIGIA.- (Va y viene). ¿Qué voy hacer con mis campanas? Hay campanas por todos lados... entre las nubes, en el fondo de los pantanos... ¡En mi cabeza! (Escucha atentamente). ¿Qué pasa? Ya no suenan. (A los viejos). Me hacen dudar. ¡Inmundas cucarachas! Sin embargo, los que están acostumbrados al silencio escuchan ruidos, cantos, lamentos que vienen de otro mundo. ¿Porqué se burlan de mi? (Baja de la tarima, recorre los camastros). ¡A la mierda, con todos ustedes! Me voy a dormir. (Se acuesta en medio del escenario, luego de unos momentos, se oyen tres campanadas. Todos se asustan). 

TERCERA VIEJA.- (Incorporándose). ¿Campanas? (a EL VIGIA). ¡Eh, barbudo! ¿oíste? 

EL VIGIA.- (Levantándose de un salto). ¡No! ¿qué pasó? 

OTRA VIEJA.- (Se levanta asustada, se le va encima a EL VIGIA y lo zamarrea). ¡Campanas! ¡Sucio carajo! ¡Tus malditas campanas! 

EL VIGIA.- (De un empujón la tira al suelo). ¡Vieja cagona! ¿Acaso en tu pueblo no sonaban campanas? ¡Deberían haberte colgado! 

UN VIEJO.- (Da un empujón a EL VIGIA, y ayuda a levantarse a OTRA VIEJA). ¡Dejala tranquila! Yo no dormía, y también las escuché. 

OTRO VIEJO.- (A OTRA VIEJA). ¿Acaso se te suben a la cabeza tiempos pasados? 

OTRA VIEJA.- (Segura). Lo que oí, es lo que oí, eran campanas. 

UN VIEJO.- (Enojado). ¿Porqué vuelven a hablar de campanas? 

TERCERA VIEJA.- Al final vamos a terminar oyéndolas día y noche. ¿Acaso quieren que nos lleven a un loquero? 

UNA VIEJA.- Si seguimos en esta maldita ratonera no nos va a quedar otra alternativa. 

OTRO VIEJO.- Sí. Y nos van a tener a bastonazos, a latigazos y a pinchazos. 

UN VIEJO.- Claro. Y nadie se va sorprender. 

EL VIGIA.- ¡Basta! Pongamos mucha atención. Escuchemos bien, y no creamos más que en eso. (Sube a la tarima). Vengan. 

TODOS.- (Van hacia la tarima de EL VIGIA). 

UNA VIEJA.- ¡Primero limpiémonos las orejas! (Se escarban). 

TERCERA VIEJA.- (Después de escarbarse, con asombro). ¡Oy! Escucho un montón de ruidos. (Los viejos se juntan frente a la tarima, y escuchan atentamente, en silencio). 

EL VIGIA.- (Baja de la tarima y va hacia el frente del escenario, los viejos quedan inmóviles, escuchando. Se arrodilla, moviéndose como en un campanario). ¡Bing, Bong, Bang, Bong, Bing, Bang, Bing, Bong, Bang... Bing, Bong, Bang! 

TODOS LOS VIEJOS.- (Exclaman asombrados y temerosos, se apretujan). 

OTRO VIEJO.- (Gira hacia EL VIGIA). ¡Es él! 

TERCERA VIEJA.- ¡Sucio degenerado! 

UN VIEJO.- ¡Démosle un escarmiento! 

OTRA VIEJA.- (Amenazantes se acercan a EL VIGIA). ¡Viejo sátiro! 

UNA VIEJA.- ¡No merece ninguna consideración! 

TERCERA VIEJA.- ¡Vamos a patearlo! (Lo voltean, EL VIGIA se cubre la cabeza, mientras se queja del castigo). 

UN VIEJO.- ¡Gusano maldito! 

TERCERA VIEJA.- Se aprovecha de nuestra inocencia. 

OTRO VIEJO.- ¡Pateémosle el culo! 

OTRA VIEJA.- Nos quiere matar de un susto. 

UNA VIEJA.- ¡Cortémosle las bolas! 

UN VIEJO.- ¡Y las venas! 

TERCERA VIEJA.- ¡Eso! Para que se desangre. 

OTRO VIEJO.- No se merece otra cosa. 

OTRA VIEJA.- ¡Sí, se volvió loco de remate! 

UNA VIEJA.- ¡Rata asquerosa! ¡Que no se te ocurra hacerlo otra vez! (todos lo patean). 

EL VIGIA.- (Dolorido, se incorpora a medias). ¡Se han vuelto locos! 

TERCERA VIEJA.- ¡De rodillas! 

EL VIGIA.- (Suplicante). No puedo. Las piernas me traicionan. 

OTRO VIEJO.- ¡Vamos! De panza al suelo. 

OTRA VIEJA.- ¡Miren! ¡Tiembla! 

UN VIEJO.- ¡Bah! No le cuesta mucho. ¡Viejo pedorro! 

TERCERA VIEJA.- ¡Que reviente su barriga! 

UNA VIEJA.- ¡Eso no! Se inundará la habitación de gusanos. 

OTRO VIEJO.- ¡Mejor! Se harán el gran festín con EL VIGIA. 

UN VIEJO.- ¡Vas a morir! ¡Perro sarnoso! 

EL VIGIA.- Desde luego. Hasta el campesino más imbécil sabe eso. 

OTRA VIEJA.- Pero nadie sabe cuando. En cambio vos, vas a morir ahora. 

TERCERA VIEJA.- ¡De pie! Sería demasiado fácil. 

EL VIGIA.- (Se levanta). ¡Qué momentos que estamos viviendo! (Se recompone). ¡Viejos cornudos! Se están burlando de mí. 

OTRO VIEJO.- ¡Vos y tus malditas campanas! 

EL VIGIA.- No lo sabían. ¡Mi garganta es de bronce! ¡Escuchen! (Abre la boca para repetir el juego, en ese momento se oye el tañer de campanas. EL VIGIA en medio de carcajadas). Son campanas nocturnas, campanas glaciales... Bing, bang, bong... 

UNA VIEJA.- ¡AY! ¡Santo cielo! No quiero pensar en eso y sin embargo pienso. 

UN VIEJO.- Que cosas extrañas están pasando. 

OTRA VIEJA.- ¡Estamos embrujados! 

EL VIGIA.- (Riéndose). ¡Son imágenes negras! Como sus almas. 

OTRO VIEJO.- ¡Salgamos al campo! 

TERCERA VIEJA.- ¡No! Afuera es peor. Además, es muy tarde. 

OTRA VIEJA.- ¡Son presagios, malos presagios! ¡No suenan campanas fuera de los campanarios! 

EL VIGIA.- ¡Todo es una farsa! Una gran farsa. 

UNA VIEJA.- Nadie podrá dormir esta noche. 

UN VIEJO.- ¡Pobres de nosotros! ¿En que vamos a terminar? 

OTRO VIEJO.- En aceptar que todo está bien y que no podría estar mejor... 

OTRA VIEJA.- No, no, y no. Yo insisto en que no hay campanas. 

TERCERA VIEJA.- Yo también... 

OTRO VIEJO.- Yo tampoco. Además, no puedo creer lo que no veo. Y si lo veo, y no me conviene, no lo creo. 

UN VIEJO.- Yo no vi esas campanas. Pero sonar, sonaron. 

EL VIGIA.- ¡No las ven, porque las campanas son de origen sobrenatural! Se dejan oír, pero no se dejan ver. (Se oye una campanada cercana. EL VIGIA se ríe a carcajadas). 

TERCERA VIEJA.- ¡Que el cielo nos asista! (Se persigna). 

EL VIGIA.- (La acosa). Te asusta lo que no podés concebir o explicar. ¿No es cierto? Para que lo sepan. ¡Esas campanas están buscando a quién llevarse! 

UNA VIEJA.- ¡Susmaría! (Se persigna). 

TERCERA VIEJA.- ¡Cruz diablo! 

OTRA VIEJA.- ¡Son mentiras de EL VIGIA! Lo dice para creerse importante. 

OTRO VIEJO.- Yo solo he escuchado campanas en los bautismos y en los casamientos. 

UN VIEJO.- Terminemos con esto. Avisemos al director. El nos podrá explicar. 

EL VIGIA.- ¡Bah! El director está muy viejo, solo puede escribir en su macabro libro, los nombres de los que se van muriendo. 

TERCERA VIEJA.- Sostengo contra todos que no hay campanas. 

UNA VIEJA.- Tendríamos que reclamar nuestros derechos. 

OTRA VIEJA.- ¡Claro que sí! Consultemos a un astrómono. 

OTRO VIEJO.- Mejor, fabriquemos horóscopos. 

OTRA VIEJA.- Sí, si... ¿Pero como? 

UN VIEJO.- Escribamos pancartas, con letras bien grandes y artísticas. 

TERCERA VIEJA.- ¡Eso!. Salgamos en pe... pe... peregrinación. 

OTRO VIEJO.- ¡Bien dicho! No pueden tomar nuestro honorable hospicio, como si fuera una vulgar hostería. 

UN VIEJO.- ¡Yo he visto cosas raras! Pero que las campanas anden por ahí como si tuvieran piernas. Eso sí que no. 

OTRO VIEJO.- ¡Precisamente! Era lo que iba a decir. 

EL VIGIA.- (Sube a la tarima). ¡Tranquilícense! Sus ruines corazones laten tan fuertes como campanas. Voy a averiguar que es lo que anda redoblando por el campo. ¡Y se los voy a decir! Y esta vez van a creerme. Quién les dice. Tal vez sea algo hermoso. (Los personajes se agrupan en torno a EL VIGIA). ¿O acaso prefieren no saber nada? 

UN VIEJO.- (Con desesperación). ¡Por favor! Queremos saber. ¿No es verdad, viejas comadres? 

TERCERA VIEJA.- ¡Sí! Queremos saber. VIGIA del demonio. 

UNA VIEJA.- Y si mentís, que tu alma se pudra en el segundo infierno. 

OTRO VIEJO.- ¡En el segundo y en el tercero! (a EL VIGIA). ¡Dale! ¿Qué ves? 

OTRA VIEJA.- ¿Acaso habrá que ayudarlo con una oración? (Se juntan e intentan decir una plegaria). 

EL VIGIA.- (Molesto). ¡No hace falta! No hace falta... Veo, claramente, la llanura crepuscular, toda de rojo, con sus pantanos de estaño. 

UN VIEJO.- ¿Y después? 

EL VIGIA.- (Con suspenso). Veo... Es difícil describir lo que veo... Y eso que a mi nada me sorprende. 

OTRO VIEJO.- ¡Lo que te va a sorprender es una patada en el culo! Contá de una vez. Vamos... 

TERCERA VIEJA.- ¡Por el amor de los cielos! ¿Qué ves? 

EL VIGIA.- Veo un caballo grande, muy grande. ¿A menos que sea una sombra? 

OTRA VIEJA.- Eso no significa nada. Que más? 

EL VIGIA.- De su pescuezo cuelgan grandes cascabeles, como si fuesen campanas. 

UN VIEJO.- ¡Está mintiendo! Caballos de esa clase no existen. 

UNA VIEJA.- Debe ser una sombra... A veces, al caer la tarde se producen espejismos. 

OTRO VIEJO.- ¡Ah. si! Y eso. ¿A qué se debe? 

UNA VIEJA.- No tengo la menor idea. 

OTRA VIEJA.- VIGIA... ¿Y después? ¿Qué más? 

EL VIGIA.- Al caballo lo monta un extraño jinete, de gran estatura. ¡Qué elegancia! 

TERCERA VIEJA.- ¡Qué está diciendo! ¿Cómo se puede ser elegante arriba de un caballo? 

EL VIGIA.- A no ser que sea una sombra, que cabalga en otra sombra. 

UN VIEJO.- ¡Esperen...! Tal vez sea un reflajo, u... un reflujo, u... u... un reflejo... 

OTRA VIEJA.- Puede ser. A esta hora todo se llena de espejos. 

TERCERA VIEJA.- ¡Terminá de una vez! Apestoso VIGIA. ¿Qué pasa con el jinete? 

EL VIGIA.- (Emocionado). ¡Es algo que contagia! ¡Qué prestancia! Se pavonea en su caballo... ¡Mierda! ¡Su caballo se para sobre sus patas traseras! ¡Cuidado...! ¡Ahora embala hacia aquí! 

LOS VIEJOS.- (Huyen dando gritos de espanto, se atropellan) 

EL VIGIA.- Unos cuantos pasos más y se hará visible. 

OTRO VIEJO.- (Se vuelve). ¡Hablá rápido, barrigón! ¿Quién es el jinete? 

UNA VIEJA.- ¿A que jinete puede interesarle nuestro hospicio? 

OTRA VIEJA.- ¡Está mintiendo! ¡Bajémoslo! Y que otro suba a ver lo que pasa. 

LOS VIEJOS.- (Se acercan a la tarima y tironean de las piernas a EL VIGIA). 

TERCERA VIEJA.- ¡Contestá VIGIA! ¿Qué tenemos que ver nosotros con ese jinete? 

UN VIEJO.- Eso es. ¡Contestá o te tiramos al suelo! 

EL VIGIA.- (Se resiste). ¡Créanme! No hablaré muy bien, pero veo mejor que ustedes ¡Conozco a ese jinete! Y ustedes también... Todos los conocemos. 

UNA VIEJA.- De una vez por todas. ¿Quién es? 

EL VIGIA.- (Nervioso). Alguien que considera este lugar como una venerable casa. 

OTRA VIEJA.- ¡Basta de palabras! ¿Cuál es su nombre? 

TERCERA VIEJA.- ¿Qué títulos tiene? 

OTRO VIEJO.- Además, nosotros no hemos invitado a nadie. 

UN VIEJO.- (A los Otros). Seamos optimistas. Quizás nos traiga algo de regalo. 

EL VIGIA.- ¡Se terminó! No hay nada más que agregar. (Se oye un toque de campana). Guardemos silencio... y a dormir. (Cada uno se dirige hacia su cama). Cuando llegue, llamará a la puerta. 

UNA VIEJA.- (A EL VIGIA). ¿Por qué tenemos que hacerte caso? 

EL VIGIA.- (Bajando de la tarima). Porque así debe ser. 

UN VIEJO.- Esa no es ninguna explicación. 

OTRO VIEJO.- (Enojado). ¡No vamos a ir a ningún lado hasta que no llegue el jinete! 

OTRA VIEJA.- (En apoyo de OTRO VIEJO). ¡Bien dicho! 

EL VIGIA.- ¿Ah, no? Entonces, voy a hacerles una pregunta 

TERCERA VIEJA.- (Enfrentando a EL VIGIA). ¿Qué pregunta? 

EL VIGIA.- (A los demás). A ver. Vengan todos. 

UN VIEJO.- (Enojado). ¡Terminemos de una vez! 

UNA VIEJA.- (Mientras se van acercando). Ya es hora de ir dormir. 

OTRA VIEJA.- (Mientras rodean a EL VIGIA). Todavía le dura la borrachera. 

OTRO VIEJO.- Más vale que no empieces con tus historias raras. 

TERCERA VIEJA.- Lo que anda buscando es que le demos otra paliza. 

EL VIGIA.- ¡Silencio! (Todos se callan). Bien. (Observa a su alrededor). ¿Están todos? 

LOS VIEJOS.- (A coro). Sí. Estamos todos. 

EL VIGIA.- La pregunta es. ¿Quién de ustedes, le tiene miedo a La Muerte? 

OTRO VIEJO.- ¡Qué gracia! A nuestra edad... ¿quién no? 

UNA VIEJA.- ¿Acaso, no ha terminado todo para nosotros desde hace mucho? 

OTRA VIEJA.- ¿Alguien habló de morir? (Molesta). ¿Y que es lo que estamos haciendo aquí desde hace años? 

TERCERA VIEJA.- Apenas, morir despaciosamente. 

UN VIEJO.- Si es que vamos a sobrevivir, es tiempo que lo sepamos. ¡Qué mierda! 

OTRO VIEJO.- Además, morir es una función de los hombres. 

UNA VIEJA.- Y de las mujeres. 

OTRA VIEJA.- ¡Bien dicho! Los hombres se creen con derecho a todo. 

EL VIGIA.- ¿Entonces, no les sorprendería saber quién es el jinete? 

UN VIEJO.- ¿Qué puede cambiar? Lo peor, es no saber. 

OTRA VIEJA.- Claro. Es tan malo como saber demasiado. 

TERCERA VIEJA.- Después de todo, el saber no ocupa lugar. 

EL VIGIA.- Bien... Entonces. ¡Se los voy a decir! (Se sube a la tarima). El jinete que se acerca es... (los mira) 

OTRO VIEJO.- ¡Un momento! ¿Acaso no tenemos derecho a recibir visitas? 

UNA VIEJA.- (señalando a UN VIEJO y a OTRO VIEJO). Ya estamos cansadas de estos viejos sátiros. 

OTRA VIEJA.- ¿Quién dice que no sea una grata sorpresa? 

TERCERA VIEJA.- ¡Deberíamos ponernos nuestro mejor vestido! (Se sacude el que tiene puesto, las otras dos hacen lo mismo) 

OTRO VIEJO.- Merecemos un día de alegría. Carajo. ¿No es cierto, viejas cochinas? 

UN VIEJO.- (Se acerca a la tarima). ¡Eh! VIGIA. ¿Está lejos ese jinete? 

EL VIGIA.- No tanto como debería estarlo. 

OTRA VIEJA.- ¡Basta de misterios! ¿Quién es? 

EL VIGIA.- Ya que insisten. (Tono serio). ¡El jinete que se acerca es... La Muerte! 

TODOS.- ¡La Muerte! (Comienzan una caminata de un lado a otro de la habitación, algunos se agarran la cabeza, otros se cubren la cara. Cada vez el ritmo se acelera más y más). 

EL VIGIA.- Así es... ¡La Muerte cabalgando! 

UN VIEJO.- ¡La Muerte! ¿Eso es lo que oí? 

OTRA VIEJA- ¿Quién se atreve a hablar de La Muerte en mi presencia? 

UNA VIEJA.- ¿Dijo La Muerte? ¿Y por quién viene? 

OTRO VIEJO.- Yo no pienso preguntar. 

TERCERA VIEJA.- ¿Por qué tiene que venir por alguien? 

EL VIGIA.- ¡Es su trabajo...! Por vos... por mi... ¡Por todos! 

UN VIEJO.- No hay duda... Habla de La Muerte... 

OTRO VIEJO.- ¿Y por qué tiene que venir aquí? 

OTRA VIEJA.- Seguramente se trata de un error. 

UNA VIEJA.- ¡Un momento! (todos se detienen). ¿Por qué vamos a creer que es La Muerte? 

TERCERA VIEJA.- Y si llega a ser. La vamos a recibir con una buena meada. ¿No es cierto, comadres? (carcajadas). 

EL VIGIA.- Seamos educados. No todos los días nos visita alguien tan importante. 

OTRO VIEJO.- Después de todo. ¡Si quiere venir, que venga! 

OTRA VIEJA.- Yo quiero verle la cara. 

UN VIEJO.- Vamos a ver si es tan fiera como la pintan. 

TERCERA VIEJA.- ¡Esta será la noche de la venganza! 

UN VIEJO.- ¡Si! ¡Matemos a La Muerte! 

UNA VIEJA.- ¡Le daremos un buen escarmiento! 

OTRO VIEJO.- Se arrodillará suplicante. 

TERCERA VIEJA.- ¡Yo le tengo reservada mi mejor escupida! 

OTRA VIEJA.- Yo voy a mear sobre su manto. 

OTRO VIEJO.- ¡La enterraremos con todos los honores! 

UN VIEJO.- (Va hacia su cama, vuelve). Me queda una vela. ¡Ofrezco mi iluminación! 

UNA VIEJA.- ¡Yo le cantaré la misa de los pervertidos! 

TERCERA VIEJA.- ¡Le organizaremos una buena despedida! 

EL VIGIA.- ¡No sean profanos! ¡Salven sus almas! ¡Limpien la mugre que las recubre! 

OTRA VIEJA.- ¿Por qué? ¡En carnaval se divierten con La Muerte! 

OTRO VIEJO.- Cuando se vaya, lloraremos de felicidad. 

UNA VIEJA.- No nos preocupemos. Debe ser una mala imitación. 

VIGÍA.- No se equivoquen. ¡Esta es la auténtica, la inimitable! 

UN VIEJO.- (A UNA VIEJA). ¡No perdamos tiempo, vamos a la cama, aunque seas tan apestosa, quiero cometer mi último pecado! 

UNA VIEJA.- ¡Si! Quiero que me robes el aliento y me hagas perder la mirada. 

OTRO VIEJO.- Que vivan los amantes. Son tan hermosos, tan cálidos. 

OTRA VIEJA.- (Corre hacia su cama). ¡Voy a tomar hasta la última gota de mi licor de huevos! 

TERCERA VIEJA.- ¡Yo quiero gastar las monedas que me quedan! 

OTRO VIEJO.- ¡Cantemos el himno de la lujuria! (Se escuchan nuevas campanadas, forcejea con OTRA VIEJA por la botella). 

EL VIGIA.- ¡Basta de simulación! Acepten el sentimiento de espanto. Ella ama el protocolo. 

UNA VIEJA.- ¿Y qué? ¿Acaso a nosotros nos gusta su visita? ¡Estamos vivos y nos gusta reír! 

UN VIEJO.- ¡Si estoy viviendo mi último día, quiero emborracharme! 

OTRA VIEJA.- ¡Yo voy a cantar hasta el fin del mundo! 

TERCERA VIEJA.- (Saca una flauta). Yo empiezo el baile. ¡Bailemos a La Muerte! 

UN VIEJO.- ¡Esta es la fiesta de los viejos, la cuadrilla de los moribundos! 

VIGÍA- ¡No se preocupen por sus funerales! Yo me encargo de todo. 

OTRO VIEJO.- ¡Bailemos! La Muerte es la que quiere el fin del mundo no nosotros. 

OTRO VIEJO.- ¡A bailar todo el mundo! 

UNA VIEJA.- ¡Yo valseo al derecho y al revés! 

OTRA VIEJA.- ¡Que empiece la música! 

OTRO VIEJO.- ¡Ah! ¡En mis tiempos! (Baila con la TERCERA VIEJA). 

UN VIEJO.- ¡No me quiten el espacio! 

TERCERA VIEJA.- Siempre tuve la suerte de elegir compañero. 

OTRA VIEJA.- ¡Tráiganme un admirador, no importa que sea jorobado, con tal que esté bien armado! Quiero ser una amante ardiente. 

UNA VIEJA.- ¡Eh, VIGIA! ¿Y las campanas? ¿No se oyen más? 

EL VIGIA.- ¡Se acabó la diversión, viejos cascajos! La Muerte acaba de llamar a la puerta. A pesar del ruido que hacían, escuché los golpes. 

UN VIEJO.- (Se incorpora). ¡No es verdad! Seguramente siguió su camino. Sos tan mal actor que no me gustaría verte en teatro. 

UNA VIEJA.- ¿Acaso alguien le abrió la puerta? 

TERCERA VIEJA.- ¡Claro que no! 

OTRO VIEJO.- No venia por nosotros. Tal vez por los del hospital. 

OTRA VIEJA.- ¡Claro! Los del hospicio, somos los olvidados. 

UN VIEJO.- ¡Alegrémonos! Ahora, solo es un mal recuerdo. 

EL VIGIA.- ¡No puede ser! Corro a buscarlo. (Los ancianos lo retienen). 

OTRA VIEJA.- ¡Cuervo maldito! ¿Querés llamar la atención sobre nosotros? 

EL VIGIA.- ¡Ustedes hicieron lo imposible para que ella viniera! Yo no tengo la culpa. 

TERCERA VIEJA.- ¡Quedate aquí! 

EL VIGIA.- Como quieran. Me aparto del asunto. No quiero saber más nada con ustedes 

UNA VIEJA.- ¡Por fin! 

EL VIGIA.- ¿Cómo dice, abuela? 

UNA VIEJA.- ¿Tu abuela? No lo sería ni para salvarme de la guadaña. 

OTRA VIEJA.- Tengo miedo. ¡Llamen al cura! Quiero confesarme. 

UN VIEJO.- ¡Imposible! Se escondió en el barril de la basura. 

TERCERA VIEJA.- ¿Y ahora, quién nos va a confesar? 

EL VIGIA.- ¡Dios los escucha, adelante! 

OTRO VIEJO.- ¡Dios! ¿Y qué podemos decirle? 

EL VIGIA.- Yo no sé. ustedes sabrán. 

UN VIEJO.- ¡Qué problema! (Caminan en círculos). No va a ser fácil. 

OTRO VIEJO.- Vaya. ¿Cuál de mis negros pecados elijo? 

TERCERA VIEJA.- Yo hace tanto que perdí el honor. 

UNA VIEJA.- Por lo que recuerdo. Nunca fui perfecta. 

UN VIEJO.- ¡Yo me considero un pecador, pero serio! 

OTRA VIEJA.- ¡Yo, en cambio, una pecadora empedernida! 

TERCERA VIEJA.- ¡Yo, me tiraba pedos en las reuniones! 

EL VIGIA.- ¡Adelante! No se guarden los más negros. 

UN VIEJO.- ¡Yo he robado, a veces poco, a veces mucho! 

UNA VIEJA.- ¡Yo he fornicado como loca! 

OTRO VIEJO.- Mi peor culpa, fue haberme casado. 

OTRA VIEJA.- ¡Yo era hermosa, y cobraba! 

TERCERA VIEJA.- ¡Yo, me comía los mocos! 

EL VIGIA.- ¡Basta de hazañas! Síganme... voy a bajar al infierno. 

UN VIEJO.- ¡No hablés del infierno! Ya estamos parados en él. 

UNA VIEJA.- Si damos un mal paso ¡zás! nos caemos adentro del horno. 

TERCERA VIEJA.- ¿Cómo será el infierno? 

OTRO VIEJO.- Dicen que no se está tan mal... 

UNA VIEJA.- ¿Ah no? 

OTRO VIEJO.- A veces, hasta hace buen clima. 

UN VIEJO.- ¡El susto ya pasó! No nos preocupemos. 

EL VIGIA.- No se confíen. La Muerte está en la escalera, algo aturdida, me imagino, de escuchar tantas porquerías. 

OTRA VIEJA.- Si se siente ofendida, que se vaya donde quiera. Con tal que no venga a joder aquí. 

TERCERA VIEJA.- ¡Bien dicho! 

UN VIEJO.- Además, algún día se hará justicia. 

EL VIGIA.- ¡Lo lamento! ¡Ha llegado el fin de los tiempos! 

OTRA VIEJA.- ¿De quién es esa idea? Maldito mentiroso. 

EL VIGIA.- ¡Escuchan! Los cielos se manifiestan lanzándonos una pedrada. ¡Prepárense a morir en éxtasis! 

UNA VIEJA.- Predecir, no es todo, falta el desenlace. 

OTRO VIEJO.- ¡Claro que sí! 

TERCERA VIEJA.- ¿Pero qué podemos hacer? 

EL VIGIA.- ¡Rezar! Es lo último que les queda. 

UN VIEJO.- ¿Rezar? 

EL VIGIA.- Así es. Dios entenderá. 

UNA VIEJA.- ¿Y si le escribimos una carta? 

OTRO VIEJO.- (Mirando a todos). ¿Quién sabe escribir? (Nadie contesta). 

OTRA VIEJA.- ¿Y qué le podemos rezar? 

EL VIGIA.- Digan, por ejemplo. ¡Señor! Tenemos miedo. Nos arrepentimos de no haber hecho un montón de cosas malas. Quizás no tuvimos el tiempo suficiente. Lo intentamos. ¡Te juramos que lo intentamos! Pero nosotros queremos vivir, déjanos vivir... Amen... 

TERCERA VIEJA.- ¿Vivir? ¿De qué manera? 

UN VIEJO.- ¡De cualquier manera, enfermos, dolientes, con llagas, cubiertos de gusanos, pero vivir! 

OTRO VIEJO.- ¿Acaso estamos tristes? No. ¡Estamos contentos de habernos conocido! Es hora de divertirnos. 

TERCERA VIEJA.- Pensemos como. 

EL VIGIA.- ¿Porqué no juegan a las adivinanzas? 

UNA VIEJA.- ¿Adivinar, qué? 

EL VIGIA.- Quién de ustedes reventará primero... A ver, quizás el de menos edad. 

OTRA VIEJA.- Si es por eso... Yo tengo cien años. 

UNA VIEJA.- Yo, ciento uno. 

TERCERA VIEJA.- Mi lengua se hincha. Mi cabeza se llena de nubes. 

OTRO VIEJO.- Como los ángeles, en medio de la tempestad. 

UN VIEJO.- (A EL VIGIA). ¿Y La Muerte? 

EL VIGIA.- ¡Ya va, ya va! Un poco de paciencia. 

TERCERA VIEJA.- Al menos, podrías rezar por nosotros. 

TODOS.- ¡Sí! Rezá VIGIA, eso es... rezá... (Se acuestan). 

EL VIGIA.- Trataré de hacerlo... Algo se me va a ocurrir... A pesar de que ustedes no se merecen ningún rezo... En fin... veamos, "Los sabios y los locos andan sueltos por el planeta. Eva fue a la fuente y encontró el espejo. Adán fue a la Viña y encontró la alucinación. E inventó la Mujer desnuda. ¡Ah! Viejo Paraíso, donde encontrarte. ¡Shhh! ¡Un poco de silencio! No despertemos al Dios que duerme. (Se escucha un eructo). 

UNA VIEJA.- (Acurrucada en su cama). ¿Y La Muerte? 

OTRA VIEJA.- (Asoma la cabeza). ¡Se tomó las de Villadiego! 

UN VIEJO.- (Asoma la cabeza). ¡Qué olor! Me estaba ahogando.