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Referencia:
"Samuel Beckett, irlandés de nacimiento y parisino por
adopción, es un claro paradigma de la conciencia dividida del
artista moderno. Frecuentemente se ha hablado de Beckett como
un filósofo y no como un escritor revolucionario. Maestro del
lenguaje y dotado de un sentido del humor inimitablemente corrosivo,
Beckett ha emplazado en el centro de su obra la radical
inseguridad del hombre moderno. Días felices es una pieza
clave en el teatro de Beckett, que, continuando el proceso de
depuración escénica de sus obras precedentes, presenta también
características fundamentales de sus piezas posteriores. Winnie,
torturada por una luz cegadora y semienterrada en un montículo
calcinado, se arropa en un ritual de gestos cotidianos y encuentra
siempre motivos, por insignificantes que estos sean, para considerar
sus días felices."
"Winnie piensa: Si
repito "hoy será un día feliz", seguramente lo va a ser.
No importa lo mal que me sienta; no importa que realmente tenga la
sensación de que el mundo se hunda y yo con él. No importa que mi
existencia mediocre y rutinaria me oprima y no me deje respirar. El
tiempo ha pasado y no tengo expectativas ni guardo ambiciones. Ya
nada puede cambiar. Mi mundo es un gran desierto de arenas movedizas
que me chupan hacia abajo. Sin embargo, aún intento rescatar alguna
posibilidad de ser feliz, por menos que sea. Con las pocas cosas que
me quedan y con las últimas ilusiones -a pesar que cada vez me
hundo más en mi vacío- trataré de ser feliz. Total sólo es
cuestión de proponérselo. Quizás vuelva a sentirme deseada; quizás
haya otro brindis con champaña; quizás mi Willie -o lo que queda
de él- vuelva a acariciarme. Después de todo quizás hoy sea otro
día feliz. ¿Y por qué no...? a pesar de todo y aunque imagine que
mi cuerpo ya no me pertenece y solo quede mi cabeza para pensar, mis
ojos para ver, mis oidos para escuchar y mi boca para
hablar..."
Grupo Vivencias suma a su
larga trayectoria beckettiana, su quinta puesta de este fenomenal
autor. 1990: Acto sin palabras; 1991: La última cinta;
1992: Esperando a Godot; 1995:
Final
de partida. Ahora con Días felices propone el mismo
tratamiento de seriedad de las otras puestas, como un humilde aporte
al conocimiento de la obra de este genial autor.
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